A veces…

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Cada mañana despierto
con una nueva esperanza
que sacude toda mi vida
haciendo a un lado lo incierto.

La mirada siempre en alto,
disfrutando del paisaje
cada vez que doy un paso
a lo largo de mi viaje.

Avanzo poco a poco,
dejando atrás cualquier dolor,
intentando llenar de color
todo a mi alrededor.

A veces, solo a veces
una idea ti, se cuela en mi mente
y se mantiene presente
durante algunos minutos.

Sacudo un poco mi cabeza
dejando a un lado mi inquietud.
Inhalo profundamente y, con certeza,
le dejo ir con prontitud.

Pero… a veces, solo a veces
me da por extrañarte,
me da por querer abrazarte.
Aveces, solo a veces
quisiera incluso besarte.

A veces, solo a veces,
tu recuerdo me persigue…
y mi alma comprende, entonces,
el disparate que es extrañarte,
desprendiéndose de tu recuerdo
tan rápido como de mí ya lo has hecho.

zzzzv mujer caminando03

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Eres…

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Estando contigo, no me arrepiento de vivir. Has sido luz cada día y me has mostrado el lado mas bello y puro de la vida. Decir “te amo”, y demostrarlo sin decirlo, no dejan tan claro todo lo que siento por ti. ¿Has visto como los rayos del sol acarician la montaña cada amanecer y atardecer, con una calidez y una delicadeza maravillosa? ¿Has sentido la suave brisa a la orilla del mar o el roce de las olas al romper en tus pies sobre la arena? ¿Acaso has presenciado la dulce llovizna en presencia de un brillante sol o las ramas de los árboles mecerse por el suave viento vespertino?
¿Alguna vez has observado, sentido, experimentado, algo de esto? Pues bien. Eso es lo que experimento cada día a tu lado. Cada mañana, al verte, mi día se ilumina casi al instante pues siempre me obsequias miradas de amor y una brillante y cálida sonrisa, como hace el sol con la montaña. Si mi corazón abriga alguna tristeza o angustia, tus abrazos y palabras me acarician suavemente como la brisa del mar, llevándose l todas mis penas.
Me encanta que, como las olas, sabes abrir espacio en tu vida para compartirla conmigo. Eres capaz de romper cadenas, de ser necesario. Tu presenca y constancia me recuerdan las olas del mar.
Cada beso que me das es como el sol que se abre paso entre las nubes durante la llovizna, pues sabes comprenderme mejor de lo que yo me comprendo, me conoces mejor que yo. Los dulces besos secan mis lágrimas y las convierten en sonrisas.
Al acabar el día, me envuelves y me arrullas con tus preciosas historias como el viento vespertino. Me dedicas una preciosa sonrisa, antes del beso de buenas noches, y me rodeas con tus brazos antes de apagar la luz.

Imagen: MUJER DE ESPALDAS por Amparo García López

Maravillosa Tentación

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Mientras contemplaba ansiosamente mi reflejo, comenzaron a arremolinarse una serie de recuerdos en mi mente. Todos ellos se resumían en una sola cosa: la tentación,  mi tentación. Me sorprendí a mi misma con la imagen que provocaba ese acúmulo de sensaciones. Aunque me dedicaba siempre a negarlo, pues una tentación es difícil de concebir completamente aún en aquellos que han aceptado la ruina de sí mismos, tuve que reconocer que el objeto de mi tentación.

Así, logré entender qué me llamaba tanto a mi perdición. Simple y sencillamente me dejé llevar por el rumbo que seguían mis ideas. Liberé un par de suspiros a medida que me adentraba en mis anhelos. Fue entonces cuando se aclaró todo… Se aclaró cuál era mi maravillosa tentación… La maravillosa tentación de perderme en tus ojos color avellana, esos mosaicos de tonos marrones, verdes y grises. Esos que, en combinación con tu tez canela, hacen recorrer por mi cuerpo una descarga de emociones indescriptibles cada vez que me dedican una mirada.

A pesar de mis esfuerzos por resistirme, una mirada tuya doblega mis defensas. Si me pierdo en tus ojos, no soy capaz de negarte nada. Si me pierdo en esos bellos mosaicos me atreveré a darte lo que me pidas. Eso podría ser la peor consecuencia de mi tentación. Tentación porque es algo que no puedo tener, es algo que me gustaría y no podré alcanzar… Tentación porque por más que me escueza la piel al resistirme a aceptar que tus ojos me llaman, no puedo permitirme caer ante ellos.

Me detengo, todavía emocionada por el descubrimiento, y caigo en cuenta que necesito una vez más asomarme a esos mosaicos. Solo una vez. Solo necesito un breve vistazo. Aunque tus ojos no me dediquen las miradas que anhelo, aún así deseo perderme en ellos una última vez…

Un momento

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Un momento. Tan solo espera un momento. Eso es lo único que necesitas para entender quién y por qué soy. Quizá has visto el disfraz que he llevado puesto a diario, intentando esconder la fragilidad de un alma que creí que nadie sería capaz de comprender. Cada mañana, al despertar, me sumerjo en el personaje que he interpretado la mayor parte de mi vida. Me arreglo, me visto y maquillo como aquella mujer que el mundo cree conocer. El resultado de tanta decoración se convierte en alguien que reconocerías aún con los ojos cerrados.

Si, caí. Una y mil veces tropecé con la escurridiza fortuna que se atreve, constantemente, a tentarme con los frutos del magnífico triunfo sobre el resto del mundo. Nací con buena estrella, y no reniego de eso. Los límites de mi niñez nunca me afectaron, hasta que conviví con la crueldad de algunos y la pobreza de mente de las personas que aparecían en mi camino.

Llegué a pensar que mis capacidades no eran adecuadas para sobrevivir en este mundo frío y oscuro. Cada caída me servía para formar mi coraza, readecuando cada pieza para formar la perfecta fachada. Hasta hace un tiempo, cada paso transmitía una señal de dolor hacia mi sistema nervioso central. Los latidos de mi corazón continuaban, minuto a minuto, sin inmutarse por nada ni nadie. De pronto, todo cambió…

¡En un momento todo cambió! No creía que tal cosa podía suceder. Apareciste en mi vida y mi disfraz ha empezado a dejar de ser necesario. Me protege, claro, pero ahora puedo prescindir de él en ocasiones especiales. Te quiero mostrar quién soy debajo de esta fachada. Te quiero mostrar que soy como un libro que no puedes juzgar por su fachada, un libro que no puedes comprender solo por lo que ves o lo que escuchas acerca de él. Soy yo, y eso me basta. Soy yo, y eso debería bastarte. Te dejaré leer mi historia. Te permitiré leerme de principio a fin. Te dejaré ver por qué soy quien soy. Te dejaré verme tal cual, con mi alma desnuda ante ti… Página por página leerás, y verás por qué te quiero así.

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Imagen tomada de el “Blog de Alicia Rivas”

El Grito Desesperado de un Alma Prisionera.

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¿Y qué haces si te sientes prisionera?  Pensando en los pequeños detalles que me rodean, y observando de cerca las situaciones que han acontecido recientemente, puedo decir que me encuentro presa de de mis propios fantasmas. Prisionera. No logro ver escapatoria alguna para este pozo que se vuelve cada vez más profundo. No logro ver más allá del muro infinito que me rodea. Veo gente. Tengo personas a mi alrededor. Y, aún así, me encuentro sola. Sola, prisionera, encarcelada, destrozada… Levanto la mirada, buscando un cielo que decidió huir hace tiempo. Busco, desesperadamente, una luz que me devuelva la esperanza. La luz que tanto anhelo, se ha apagado desde hace tanto, que ya no la recuerdo claramente. La desesperación me ahoga, lentamente, me tortura constantemente. Intenté explicarme mil veces, y nadie comprendió mis llamados. Intenté liberar las ideas escalofriantes que me acechan constantemente en la oscuridad de mi refugio. Intento sentirme segura, repitiendo una y otra vez que todo va a estar bien, y de pronto surge esa voz que me dice “Ni lo sueñes, esto no acabará pronto…” .

Me persigue a diario, esa voz, como un martilleo constante, como una grabación desesperante que se repite una y otra vez. Me acosa, me persigue. Aún en mis silencios, surge como la neblina, para entorpecer aún más mi visión del mundo. Esa voz que me dice que nada es seguro, que todo es mentira, que no crea en nadie. Esa voz que me dice que acabe con todo, y me muestra imágenes de las mil y un maneras de hacerlo. Esa voz que no me deja en paz. Ya no quiero escucharla. Ya me cansé de escucharle susurrando constantemente que nada está bien. Y, cuando creo que ya ha terminado todo, me recuerda a gritos que todavía está dentro de mí, que todavía insistirá hasta que calme esa sensación de vacío… hasta que calme la necesidad de ser… hasta que mi propia voz se apague y le de paso…

Lo más triste es que sabes que te encuentras aún más sola cuando enviaste más de mil señales, en todas las formas que te puedas imaginar, y nadie responde tu llamado, nadie te abraza, nadie te ve, nadie entiende que necesitas de alguien que esté ahí para ti… Nadie entiende que, si no recibes el auxilio que desesperadamente pides a gritos, pronto terminarás haciendo caso y cediendo ante esa voz que te persigue constantemente.

Malas Costumbres

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He descubierto que desde que separamos nuestros caminos, cada vez son más mis malas costumbres. La primera de todas es cantarle al amor, pensando en ti, aún cuando te has marchado, cuando ya ni siquiera ocupo un vago pensamiento en tu mente. A todas horas me encuentro con las canciones que la gente suele denominar “corta-venas” y, como por arte de magia, se me queda grabada la letra de la más melancólica melodía que haya escuchado en el día. Me sonrojo de pensar que me llegues a encontrar en algún sitio mientras salen de mis labios esas palabras tan “cursis”.

Otra mala costumbre es que te encuentro incluso en mis sueños. Si. Los he de llamar sueños porque suelen ser preciosos, no tanto porque estés tú en ellos, sino más bien por cómo me haces sentir en ellos. Me sorprendes de la misma forma que lo hacías cuando nos encontrábamos, cuando salíamos, cuando charlábamos por horas. Supongo que me dejaste tan mal acostumbrada a tu cariño, que la forma más sensata que conozco, aunque no lo sea,  es revivir esos detalles en mis sueños a diario. 

Ahora bien, la peor de mis malas costumbres ha de ser la de escribir sobre ti. Esa pésima costumbre de recurrir a mis más creativas ideas para dejarte plasmado en párrafos completos, uno tras otro, que fluyen sin cesar cada noche. Esto se ha vuelto casi interminable. Creo que es asemeja un trastorno obsesivo compulsivo. La sola idea de ti me acecha a cada momento, a cada minuto durante el día. Hasta reír provoca que tu recuerdo se asome. Y, luego, termino en una explosión de palabras y frases cargadas de sentimientos que deberían permanecer ocultos por siglos. Todas esas ideas no me dejan de seguir hasta que no he escrito una nueva historia. No importa si la historia ha sido tuya y mía o si he creado personajes totalmente ajenos a nosotros. No importa. Una historia se debe crear a partir de cada recuerdo.

Quisiera verte por lo menos una vez más. Supongo que no cerramos ciclos y que dejamos las cosas inconclusas. Supongo que me hace falta una mirada tuya, al menos. Me encantaría escuchar mi nombre asomar de tus labios. Quizá un “¡Hola!” me baste. No lo sé. Tal vez, verte a lo lejos sea suficiente… Como dice la canción ♫♪Eu só preciso saber como vai você♫♪… Sé que nos cruzaremos de nuevo en algún punto, y sé que habremos continuado con nuestras vida. Sin embargo, por ahora, no puedo más que empezar a deshacerme, poco a poco, de esas malas costumbres.

Melodías de tu recuerdo.

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Es increíble que no hubo un solo minuto en que dejase de pensarte en los últimos dos días. Todo lo que se encontraba en ese espacio de tiempo, se relacionaba estrechamente contigo. En solo cuarenta y ocho horas se desató un huracán de sentimientos encontrados que no se iguala jamás a todo lo que he vivido en mi corta estancia en este mundo. Compartí momentos bellos, y en cada uno de ellos luché porque no saliera una sola lágrima que demostrase los recuerdos.

Aunque no estuviste presente, ni lo has estado por mucho tiempo, mi voz entonaba melodías para tus oídos. Melodías que una vez pensé en cantar para ti. Lo más triste es que mi voz ya no es la de antes y se apaga con cada día que pasa. Llegará un momento en que de mis labios no se vuelva a emitir sonido alguno.

Canté por horas y en cada nota iba un pedacito de los recuerdos del tiempo que pasamos juntos. Era asombroso como cada canción parecía hecha para ti. Cada palabra, cada nota, cada frase arrancaba de mis labios un poco de ti. Todo a mi alrededor me recordaba a ti. Incluso ese disco, que se reprodujo por la tarde en los altavoces, contenía las canciones que escuché contigo por primera vez. Para mi sorpresa, la primera canción de dicho disco fue, precisamente, la que me conquistó en aquella ocasión. Algún día, si nos volvemos a ver, espero poder cantar para ti alguna de las canciones que marcaron tan gratos momentos…

Destellos Nocturnos

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El cielo nocturno se ilumina con los rayos resplandecientes que se precipitan a la tierra fértil. Los destellos, que crean matices encantadores a la vista, tren consigo el terror instintivo a mis oídos por mi frágil humanidad. Encuentro fascinante el resplandor ante mis ojos. Me hipnotiza cual polilla que es atraída a la lámpara de luz ultravioleta. Las sombras de la noche se esfuman a momentos, convirtiéndose en figuras familiares que me recuerdan que estoy a salvo.

Mi corazón se tranquiliza y aprende, con cada destello, que puedes encontrar luz aún en la noche más oscura, aún si la luna se volvió tímida temporalmente o si las estrellas decidieron jugar a las escondidas. En este momento solo pienso que aunque me aterrorice increíblemente la sola idea de un encuentro cercano con estas descargas, he de recordar que siempre podré encontrar los maravillosos destellos nocturnos que hacen brillar los rincones más oscuros.

Gloria…

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Una llamada bastó para acelerarme el corazón. Todavía recuerdo cómo acontecieron los hechos. Luego que una tragedia nos reuniera en aquel sitio, surgió una relación un tanto peculiar. Tú llegabas recién  salido del trabajo, vistiendo el uniforme de la empresa, mientras yo había logrado, a penas, sacar una blusa de luto de mi ropero para esa triste ocasión. Pediste mi número para no perder contacto, intercambiando miradas rebosantes de todo tipo de sentimientos, y luego agitamos las manos en señal de despedida.

Pasaron los días y esa llamada por fin llegó. Atendí el teléfono y mi corazón latía con una fuerza y velocidad increíbles al darme cuenta de que tú te encontrabas del otro lado de la línea, invitándome a salir.  “Aló. ¿Gloria? ¿Estás ahí?”- alcancé a escuchar por el auricular-“Gloria, soy yo… Rigo… Rigoberto, el primo de Margarita…”. Concertamos una cita y pasaste por mí al salir del trabajo. Así comenzaron a tejerse recuerdos cuidadosamente elaborados con cientos de gratos detalles.

Esta noche, en particular, se asoma a mi memoria un recuerdo peculiar. Mientras conversábamos en tu automóvil, siguiendo la procesión ocasionada por el tráfico camino a mi casa, frases muy tuyas se grababan en mi mente como si tomara anotaciones de una clase de la universidad. Me contabas que recordabas que lo que más te gustó cuando me viste por primera vez era que me conociste riendo y que querías verme reír siempre. Yo me sorprendí pues nunca alguien me había dicho lo que tu, ni me había tratado tan bonito como tu.

En medio de pláticas sobre ti, de mí, de nosotros… de pronto, como si me hubieses leído la mente, prendiste la radio, conectaste tu celular y me dijiste -“Gloria, estoy seguro que lo que escucharás te va a gustar muchísimo. Recuerdo que cantas este tipo de música. Aunque no sé si hayas escuchado a este señor…”- y a continuación se reprodujo la música. En ese preciso instante, sin darme cuenta, nació un sentimiento muy bello en mi corazón.

Desde esa vez, salimos en varias ocasiones. Nos comprendíamos el uno al otro de una manera casi perfecta. Sin embargo, descubrimos que, por más que quisiéramos, esas promesas que un día hiciste no se llegarían a cumplir. Tú desapareciste al poco tiempo, sin dejar rastro, como si jamas hubieses existido. El tiempo borró casi toda huella que dejaste en mi alma y mi corazón, mas no logró borrar los bellos recuerdos de los momentos que compartimos en más de una ocasión. Esos recuerdos que me hacen sonreír incluso en tu ausencia.

Mujer Pensativa. Mikhail Satarov.

Te Quiero

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Te quiero así,
de cerca y de lejos.
Te quiero en el silencio
y en medio de mis versos.
Te quiero en mis noches
espantando toda sombra,
y te quiero en mis días
iluminando mi vida.

Te quiero en mis brazos
y con tus labios en los míos.
Te quiero en cada sueño,
en cada efímero momento.
Te quiero en mis historias,
las que nunca acaban bien,
esas en las que tu llegas
y de pronto se reparan.

Y aunque te quiera, aquí conmigo,
y aunque te sueñe y te sienta a mi lado,
aunque mis días pasen inexorablemente
llenos de esto que siento en mi interior,
aún así… aún así te quiero,
aún así, conmigo… aunque tu no sepas
aunque tu no escuches,
aún cuando no leas mis versos,
aún cuando no escuches mis cantos.

Te quiero en mi memoria
aunque tú no sepas que te quiero.
Te quiero aquí en mi alma,
aunque hagas caso omiso de estas palabras.
Te quiero así…
aunque parezca que no me recuerdas a mí.

Tus historias y las mías…

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Déjame conocer tus historias. Quiero saber qué caminos te han labrado esas cicatrices en la piel y el alma. Cuéntame, una a una, las frases que surgen en las noches del inspirador insomnio que constantemente acecha tu habitación. Sé que en ocasiones Morfeo no ha llegado hasta ti o, incluso, tú mismo le has echado de tu lado.

Cada noche, tu musa te besa en los labios, encendiéndolos con brillantes historias. Cada noche te vuelves navegante de nuevos mares infinitos. Surcas uno a uno, conociendo nuevas tierras y disfrutando aventuras. Descubres una nueva perspectiva de la vida plana y vacía que nos han vendido desde pequeños, y que una vez aprendimos a despreciar. Descubres los matices que una vez nos negaron.

Sé que has visitado mundos en que la razón no es más que un muro que limita el potencial con el que fuimos dotados, desde la concepción, por el simple hecho de existir. Mundos llenos de inigualables texturas, formas, colores, olores y sabores. Mundos que, para un ser humano ordinario que ha dejado de ser creativo y se ha vuelto plano y del montón, no son más que locura disfrazada de caramelo.

Y te preguntas ahora: “¿Cómo sabes todo esto?”. Pues bien, lo sé porque yo también estuve ahí. Mis labios también fueron encendidos con historias. Mi mente se abrió como un paracaídas y recobró las infinitas dimensiones con que fue creada. Pisé cada centímetro de las nuevas islas conquistadas, situadas en los mares que navegué, y vi lo que nadie más ha logrado, ni logrará mientras se niegue a cruzar el muro de la razón.

Déjame conocer tus historias para poderte mostrar, en total libertad, las palabras que tatué en mi alma. Te dejaré ver esos conjuntos de palabras que nos llaman a estar juntos, y que a la vez repelen nuestros cuerpos. Palabras que ya no serán solo simples palabras. Palabras que definirán, una a una, dónde terminas tú y comienzo yo. Ésas que nos dan la identidad que tanto hemos luchado por recuperar, aún a costa de nuestra propia versatilidad en el campo de la creación. Esas con las que somos quienes realmente queremos ser y no en quienes hemos sido forzados a convertirnos a través de la historia.

A ti…

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Yo podría dedicarte los versos más profundos, las más grandes hazañas y más puros sentimientos. Yo podría llevarte conmigo a volar por el universo, visitando las galaxias de los sueños escondidos. Te llevaría de paseo por los anillos de Júpiter o a caminar por los campos de Ceres. Pediríamos deseos a las estrellas, en persona. Recorreríamos cada rincón de lo inimaginable.

Podría hacerte imaginar un nuevo mundo para nosotros. Un mundo en el que podamos dar rienda suelta a nuestras más disparatadas ideas. Sin embargo, descubrí que tus ojos no brillaban para mi. Que tu sonrisa era para iluminar otros mundos y que no había ni un poquito de auténtico cariño en mi dirección.

A medio camino de imaginar todo lo que podríamos ser, me di cuenta que no necesito ser más de lo que realmente soy solo para que me veas como quieres. Se revelaron, frente a mí, un sin fín de situaciones que resultaron más apegadas a la realidad que mi realidad misma. Te vi de frente. Tomé un respiro y sonreí a mi misma. Supe entonces que, contigo o sin ti, la vida siempre me sonríe a mi… La vida siempre me ve brillar perfectamente. Comprendí que, contigo, la vida me había enseñado una nueva lección.

Ojos Verdes

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Podría perderme en aquellos ojos verdes. Ojos de un tono que no puedo llamar más que “verde vida”. Esos ojos que con una mirada abren un paréntesis en el tiempo, provocando un cese en la existencia de todo lo que nos rodea. Solo una mirada y quedo navegando en la nada. Solo eso basta para vencer la fuerza de gravedad y sentirme tan liviana como el aire mismo.

Han logrado lo que nadie. Llegan y causan huracanes, terremotos y… ¡vaya una a saber cuántos más desastres naturales! Esos ojos alborotan todos mis sistemas, destruyendo y reorganizando – al mismo tiempo – todo mi mundo.  Una mirada es capaz de desnudarme el alma, ver a través de mi y descubrir hasta el secreto más profundamente escondido en mi psique.

Y no es que no tenga qué ofrecer a esos ojos, pues les daría mi propia luz para que ese destello se intensifique. Le daría un amor de esos que son para toda la vida, no los pasajeros que resultan de juguete. Complementaría mi psique con el alma tras esos ojos, en un intento por dejar de ser dos y fundirnos en un solo ser. Cantaría las más dulces melodías. Escribiría los versos más complejos que describan lo vivido. Me atrevería a escribir las historias más audaces, coloreadas con retazos de los sueños más absurdos y extraordinarios que jamás haya tenido.

En fin… Son, precisamente, esos ojos con los que iluminaría mis noches y pintaría el alba de mis días. Y, sin dudarlo, me dejaría pintar, con ellos, todos los rincones del alma.

Tiempo Invertido

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Dejé de escribirle a tus ojos, a tus labios… a tu voz. Dejé de escribirle a la luna que nos acompañaba cada noche. Dejé de componer melodías que escuchaba en cada encuentro. Dejé de ser para tí y me volví solo para mí.

Fue entonces que logré ver el sol. Me cegó su intensidad y me sentí cobijada; Perpleja ante el espectáculo que me perdía a diario por querer ver luz en donde no hay más que sombras. Me sorprendí a mi misma brillando más que antes. Entendí que, aunque no lo desperdicié, invertí mi cheque de tiempo en el banco equivocado. Esperaba inútilmente que se me devolvieran intereses en igual cantidad, o que al menos se me entregase una cuota que dejase satisfechas mis necesidades de tiempo.

Puede que creyese que, en esta relación, el tiempo que yo daba debía ser remunerado con la misma calidad y cantidad con que era recibido por la otra parte. Quizá fuí un poco egoísta al esperar tal situación. Sin embargo, no me arrepiento de mi inversión. Quizá te haya ayudado en algo, aunque sea muy poco, y así no ha sido en vano mi regalo de tiempo.

Pensé que en algún punto descubrirías lo que yo vi en ti, y comprenderías mejor cómo invertir juntos nuestros tiempos. No me duele haberte dado ese regalo, pues fueron momentos irreemplazables e inolvidables. No me entristece en absoluto retirar mi cuenta de tu banco. Lo único que me deja inquieta, es que quizá nunca descubras ese maravilloso destello que vi en tu alma la última noche que pasé contigo. Tengo la esperanza que quizá, cuando vuelva a encontrarte, no se haya apagado aún…

Dudas

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Ya no sé si creer o no. Ya no sé ni qué creer. Las palabras se cruzan frente a mis ojos, y me confunden aún más. Creí entender lo que decías, y me descubrí más perdida que cuando empecé. Me bastó un par de veces, para conocer quién eras y qué pensabas. Solo eso. No necesitaba mil palabras para definirte, ni las imágenes de lo que soñabas. Solo me bastaba observarte unos minutos.

Pasó el tiempo, y fui creándome una idea sobre ti. Me sumergí en un mundo que me permitía descubrir tus más oscuros pensamientos. Me aterraba en un principio, pero me tranquilizaba en poco tiempo. Te convertí en alguien similar a aquel personaje de una novela de suspenso y romance que leí hace algún tiempo.

Cobraste vida y te colaste rápidamente en mi mente. Sí, te conocí más de lo que te imaginas. Hasta creé un salvoconducto para salir de la historia en el momento que me plazca. No pensé que, al escuchar las palabras que hacía tanto tiempo las voces en mi interior decían a gritos, me harías dudar de mí misma una vez más. Confirmaste mis temores. Multiplicaste, increíblemente, mis dudas.

Me dices tantas cosas… aceleras y detienes los latidos de mi corazón en un mismo instante. Me haces volar y caer al mismo tiempo. Pensé que mi boleto de salida sería válido en cualquier situación. ¡Me equivoqué! Me asaltan las dudas y vuelvo a caer presa en una telaraña de la cual no puedo escapar.

Esas palabras que sabía escucharía en algún momento. Esas mismas que me alegraban y atormentaban. Esas precisas palabras que me atrajeron a ti y que me alejarán de ti. Esas palabras que me hacen caer en un mar de dudas.

Palabras que, aunque duelan, hacen que ame tu locura aún más. Palabras que quizá lamentes haber dejado salir. Palabras, palabras, palabras…  Palabras que algún día recordarás cuando yo ya no esté a tu lado.

Dilema

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Procuro mantenerme en movimiento para no seguir pensando en ti. Y es que casi parece que te metes en mi cabeza a la fuerza. No hay idea, en el transcurso de un ajetreado día, que no encuentre el más mínimo detalle, por insignificante que sea, que se relacione a ti. Es absurdo pensar que hasta el agua tiene que ver contigo. Y es en ese preciso momento que decido no pensar. Me dejo llevar, imaginando que camino por un bosque, que me lleva a una cascada, donde disfruto de la paz y tranquilidad que busco, y… ¡Apareces ahí como si nada!

¡No puedo creerlo! Doy un paso, y ahí estás. Giro mi cabeza, y apareces. Ya casi me tachan de loca. Poquito más y cruzo la delgada línea entre la razón y la locura. Quién diría que me daría algo tan extraño. Es casi como cuando se introduce un virus en tu computadora. Se borran todos los archivos, mentales, que en realidad necesitas y te vuelves casi inútil.

Por ello, consideraré seriamente la     decisión de borrarte de mi cabeza, de inmediato. En realidad sería muy fácil, tanto como eliminar cualquier archivo. Puedo vivir sin pensar en ti y puedo incluso vivir sin ti. Ya lo he hecho, y lo hago a diario. El problema es que no quiero dejar de hacerlo. Aunque me queje, aunque me moleste, aunque sienta que ocupas demasiado espacio en mi memoria. Aún con todos los inconvenientes que acarrea el simple hecho de verte en mi mente. Aún así, los deseos de conservarte son muy grandes. Es un dilema que surge a diario. Lo difícil de reconocer es que cada día que pasa las dudas se vuelven más grandes, inclinando la balanza hacia el lado  que me dice que te borre de una vez por todas.

Dejaré que el tiempo transcurra. Dependiendo de cuanto llegue a crecer esa duda, la balanza terminará por inclinarse al lado que mejor convenga, sopesando el valor de cada idea, y permitiendo que todo sea como debe. Y así, sin más remedio, lo que ha de suceder, se manifestará.

De a poquito…

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Dame de tu amor así, de a poquito. No es que no lo quiera y mucho menos que no me guste. Si tuviese que describir el efecto que provocas con ese poquito, no  me alcanzarían las palabras, las miradas, los gestos, ni el tiempo. Si me lo das de un solo, no sabría cómo contenerme. Mejor dame a cuenta gotas lo que tengas que darme. A cuenta gotas los besos, los abrazos, las caricias, las sorpresas.

Aún así, debes saber y tenerlo muy presente que, a cuenta gotas y de a poquito, no quiere decir que serán gotitas tan espaciadas en tiempo que hagan despertar dudas. Todo tiene una medida. Todo en perfecto balance. Toma mi mano, me hará sentir segura. Cógeme entre tus brazos, abrázame con ternura. Muéstrame esa sonrisa que me cautiva y me enamora una vez más. Cuéntame tus sueños, tus metas, tus anhelos. Cuéntame, de nuevo, aquello que me atrajo de ti. Hasta un mensaje tuyo puede  levantarme el ánimo, y hacerme sonreír el resto del día. Una llamada solo porque sí, que me permita escuchar tu voz. Y no te olvides de ese beso, ese que dejará decirte lo que las palabras no expresan, lo que las miradas no hacen evidente. Ese beso que resumirá un sentimiento tan especial que no conocerá nadie más.

Dame ese amor de a poquito para borrar todas mis dudas. Dámelo de a poquito. Que si me lo das todo… si me lo das todo, me perdería completamente en tí.

Soñar con los ojos abiertos…

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Soñar. Y no simplemente dormir para soñar, sino soñar con los ojos abiertos. Me quedo muda y me transporto, casi instantáneamente, al sitio más remoto en el infinito mundo de una mente humana. No es de sorprenderse que me encuentre un instante en medio de una selva de ideas descabelladas y de pronto navegue por los mares de las historias ya escritas. Busco, aunque despierta, ese punto que me hace ser. Ese, que aún estando consciente, me sujeta al suelo con una fuerza aún más grande que la gravedad misma en nuestro planeta.

Ese punto que no vale de nada si no estoy yo ahí. Y no funciona si no avanzo y se pierde si me distraigo con lo trivial. Ese punto tan frágil que, en un momento, se esfuma y es capaz de no volver jamás.

Complicidad

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No pensé conectarme con alguien de ese modo. Una mirada lo dice todo. Una mirada que nos une con fuertes lazos invisibles. Esa mirada de cómplices que nos damos cuando nos encontramos entre la gente. Esa, precisamente esa es la que nos une y nos delata.

Un mensaje escrito y una mirada. Un mensaje que confiesa una intención y una mirada que confirma la situación. Un leve roce completa el ambiente, y en un momento desaparece la gente. Quedamos solos, solos en nuestro mundo. Rodeados de personas, pero solos. Conversando con miradas de complicidad, cargadas de emociones imperceptibles para cualquiera. Hemos creado nuestro idioma. Las palabras son más que eso, y guardan secretos que nadie descubrirá.

La emoción aumenta al saber que somos cómplices de algo muy nuestro. Ese algo que pocos comprenden y muchos ignoran. Juntos escribimos una historia, una aventura, que nadie leerá. Esa historia que viviremos plenamente sin que alguien nos moleste. Esa historia que quizá deje mostrar pequeños fragmentos, en algún punto de nuestra vida, que dejarán evidencia de que en realidad vivimos esto. Mientras tanto, en el alma se define cada día más una huella que nos recuerda que vivimos, que existimos, que somos dos almas conectadas por cómplices miradas.

Fracturas Invisibles

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Hoy sentí a mi corazón terminar de quebrarse. Una sola lágrima brotó  de mis ojos y el estallido fue inmediato.Todos los fragmentos se volvieron espinas que rasgaban mi pecho poco a poco. Espinas que tuvieron la plena capacidad de actuar como perdigones de escopeta, causando dolor en cada sitio que tocaban…

Intenté armarlo de nuevo, y fue en vano… Las piezas insistían en dispersarse, repelerse como polos iguales de miles de imanes. Las afiladas piezas hirieron mis manos al intentar cogerlas, y no me importó pues quería volver a estar bien.

¿Estar bien?¡Qué locura la mía! Ya no puedo estar bien… Las piezas no se unen ni fundiéndolas con fuego, ni creando aleaciones con titanio o acero. Las piezas tienen pleno conocimiento de que si logro volver a juntarlas, existe la posibilidad que otro ser cause un estallido tan grande que acabe por destrozarme por completo…