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He llegado a un punto en el que ya no sé si ha sido solo una hermosa ilusión lo que sucedió entre tú y yo. Ya no sé distinguir qué parte fue cierta y qué parte jamás lo fue. Nunca he pensado que lo que me decías era mentira. Jamás cruzó por mi cabeza dicha idea. Aunque una voz me diga que desconfíe, jamás lo hice. Sin embargo no puedo creer que todo pueda quedar en una ilusión.

No puedo evitar que mi corazón se acelere y yo me sonroje, como si fuese una adolescente,  cada vez que leo un mensaje tuyo, una respuesta tuya, o simplemente la frase tuya que más me fascina “me alegra que estés bien”. Sé que son cosas sencillas, que quizá nadie tome importancia. Pero son esas cosas las que me gustan de tí, las que me ilusionan como niña, las que me traen de nuevo color a las mejillas de una tez que ya ha perdido ese rosa por las largas horas a la sombra.

Y, dime, ¿qué hago yo si a pesar de los golpes, sigo viendo lo bueno y con cada caída le veo brillar más lo mejor a la vida? De verdad que puedo parecer una niña, pero no puedo amar a los demás de otra manera. Prefiero mil veces ofrecer y entregar un amor inocente, puro y sincero. Si todo esto es verdadero, yo estoy dispuesta a ser yo misma y amarte con todo mi corazón, con todo mi ser, con toda la pureza y sinceridad de la que soy capaz. Estoy dispuesta a que nuestros mundos converjan justo en el punto donde se cruzan nuestros caminos en esta corta vida.

Solo quiero que tú seas tú mismo y me dejes cruzar esas murallas. Quiero que me permitas la entrada para conocer qué amas, qué anhelas, qué esperas. Solo quiero que me veas tal cual, auténtica, distinta, feliz, sincera… ¡Única! Soy mujer, pero soy algo distinta a lo que te imaginas. Te podría plasmar en un sinfín de palabras qué y quién soy exactamente, pero prefiero mostrártelo cada día que estés dispuesto a compartir conmigo, cada noche en la que me ames.

Hasta que me digas si en realidad esto es correspondido, así como yo pensé percibirlo, mantendré toda esa explosión de sentimientos, de sensaciones, bajo llave en el baúl de recuerdos de mi mente, donde le etiquetaré como “Mi Hermosa Ilusión”. Quizá algún día te des cuenta que esto que escribo es para tí, y quizás solo entonces sepas que cada palabra que te escribo en esta especie de carta, hace a mi corazón palpitar verdaderamente como jamás lo hizo antes.

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