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Me puedes llamar anticuada, loca… inclusive una ilusa, si así gustas. Puedes creer que mi inocencia desborda a mares por culpa de la fantasía de encontrar un alma que se funda con la mía para compartir nuestras vidas y llegar a conocer universos jamás conquistados. Puedes concebir la idea de que vivo en una ilusión permanente que desborda los límites de lo racional. Puedes creer lo que gustes, si te hace feliz, pero nunca acabarás de comprender en su totalidad lo que mi mundo realmente encierra.

Y, solo para que te hagas una idea, te plantearé pequeños fragmentos del lienzo de mi vida. A pesar de mis ideales, tengo mis pies bien puestos sobre la tierra. Una de las cosas que más me gusta y disfruto hacer, es observar a las personas, observar sus reacciones, observar sus expresiones, su felicidad, su tristeza, su amor, su belleza o hasta sus flaquezas… Soy demasiado empática para mi gusto, y me fascina descifrar lo que podría estar pasando por la mente de cada una de las personas que me rodea. Me vuelvo espectadora de momentos, vigilante de historias, amante de instantes y de aventuras no compartidas.

A partir de esas historias, sueño. Sueño como nadie lo imagina, sin límites, solo porque puedo, solo porque quiero. Sueño con lo que puede llegar a ser, sueño con lo que es y lo que será. Creo una historia con cada lágrima derramada de felicidad, amor, tristeza, fragilidad, y una mezcla indescriptible de emociones que se manifiesta en una explosión incontrolable de palabras.

Y así escribo. Escribo para que esas palabras no queden vacías y que el viento no se las lleve. Escribo para que si esa alma con la que compartiré mi vida alcanza a leer al menos un poquito de mis sueños, se conecte con mi psique aún desde el otro lado de una pantalla o de un libro. Escribo para no perder la costumbre de recordarme a mí misma que soñar es válido, que la vida es maravillosa, que los altos y bajos solo traen bendiciones, que nada es por casualidad y que, aún sintiéndome en el fondo de un oscuro pozo, siempre seré capaz de encontrar una salida.

Escribiré mil y una historias como las que relataba Scherezade, si es necesario. Soñaré y viviré mis cuentos, uno tras otro, hasta que encuentre esa alma que tanto he anhelado. Seré paciente y le conoceré, porque lo que fácil llega, fácil se va. Esperaré sentada, en ocasiones, a la orilla del río de mis anhelos, observando los paisajes de la vida, daré pasos por la rivera de mis historias y nadaré en las aguas de mi esperanza. No dudes que mis sueños llegarán a realizarse. No dudo que mis pies me llevarán a donde mi anhelo me ha buscado todo este tiempo. Mi corazón esperará paciente a que aparezca ese amor para siempre y no para “cuando conviene”, porque el primero es como debe ser el amor, pues esos amores de un rato son espejismos fugaces. Así escriba mil canciones, mil historias, poemas y libros… así tenga que viajar por la vida compartiendo alegrías e historias… así, así encontraré otra alma tan anticuada como la mía que quiera conocer mis mundos, mis universos y comparta conmigo sus galaxias, sus historias, sus sueños, su vida…

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