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Nunca antes me había acechado el monstruo de los ojos verdes. Siempre fui muy segura de lo que tengo, lo que no puedo tener y lo que podría o no llegar tener o querer. Sin embargo, desde hace unos días me persigue el monstruo de los ojos verdes. ¡No puedo creer que me quiera a mi! Se ha apoderado de mis pensamientos y me sacude de arriba a abajo como muñeca de trapo.

Comenzó a seguirme de lejos, observándome y dejando pequeñas notas entre mis ideas. Al cabo de un tiempo se le acabó la paciencia y saltó ante mis ojos, se apoderó de mi mirada, mis ideas, mis pensamientos, mis palabras… En un momento me hizo suya. Todo desde que apareció “Ella”. Ella la que hizo que mi corazón se volviera inquieto. Ella. Ella la que provocaba nuevas sonrisas en el rostro de aquel a quien había entregado mi corazón. Ella.

El dueño de la mirada de café que robaba mis sueños y me mantenía despierta por las noches, se ha fijado precisamente en ella. El monstruo de ojos verdes se percató de esa presencia, notó el cambio sutil en el comportamiento de mi corazón al querer avisarme que algo sucedía. Me dejaba notas para que mi mente comprendiera y no tener que aparecer ante mí para no desestabilizarme. El monstruo de los ojos verdes se enamoró de mi.

Él hizo que mis ideas dejasen de ser racionales y que mi fantasía me dejase de lado para vivir en el desierto de una cruda realidad que desconocía. Me alejó del dueño de la mirada de café y me arrastró consigo hasta su guarida. Me enseñó lo terrible que había hecho a lo largo de los siglos, los crímenes que por su culpa habían sucedido, me mostró su lado más cruel.

Me resistí una y otra vez a ser seducida por su pasión. Él me amaba con toda su oscuridad y yo amaba a la mirada de café. Él prometía no volver a provocar esos arrebatos pasionales en la gente, para así evitar tanta locura y tanto crimen en un futuro. Ese monstruo de ojos verdes me miraba y quería dejar de ser un monstruo. Me miraba y me quería a mí. Me amaba a mi.

El monstruo de los ojos verdes decidió entonces no alejarse de mi lado. Me consentía con historias de amor que nunca le sucedieron a él, pero que había observado a lo largo de los siglos. Me visitaba cada noche para consolarme y decirme que me amaba y esperaría hasta que yo le amase igual. Él sabía que mi corazón pertenecía a otro, y no le importó.

Poco a poco dejó de ser el monstruo de los ojos verdes. Poco a poco el color de sus ojos cambiaba de tono. Ahora ya no provoca ese terror que se apoderaba de mí al ver a través de sus ojos. El monstruo de ojos verdes ha dejado mi lado. Él ha cambiado el verde de sus ojos por un café hipnotizante que me llama y me despierta cada noche. Ha conseguido que mi corazón regrese a mi pecho y ha logrado que mis heridas sanen antes de lo previsto. Ahora ya no es un monstruo. Ahora conserva un destello de verde que hace que el café de la mirada, que ahora posee, me seduzca y me enamore.

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