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Llega un momento en que las coincidencias son tantas que es imposible de maravillarse por los acontecimientos sucesivos. Ella llegó con una sonrisa llena de alegría. No esperaba conocerle ese día. Cuando se asomó al sitio donde se encontraban reunidas las personas, notó que alguien le observaba muy de cerca. Dudó un momento y decidió seguir su camino. Al cabo de unas horas, volvió a notar aquel gentío. Se asomó, llena de curiosidad, para intentar descubrir qué era lo que tanto les causaba emoción. Ahí percibió, de nuevo, una mirada muy observadora. Se giró sobre sus talones, y ahí estaba él. Era un joven de una estatura similar a la suya, tez blanca, delgado y unos ojos de un negro tan oscuro que ella sentía que era capaz de perderse en su mirada.
El joven sonrió y esperó el momento oportuno para acercarse. Cuando la distancia se hubo reducido, y la compañía escaseaba, él intentó hacerle mil preguntas que guardaba en su mente desde el primer momento que posó sobre ella su mirada, mas de sus labios solo salió un “¡Hola!”. Ella sonrió, le devolvió el saludo con un gesto, y se retiró a su morada lo más pronto que pudo.
Ella estaba realmente sorprendida. Nadie, jamás había notado su presencia. ¡Nadie! Él no había sido solo capaz de verle, sino de hablarle e incluso acercarse a ella. Sentía que su corazón latía tan fuerte que casi salía de su pecho. Desconocía totalmente esta nueva situación. ¿Quién podía ser él para causarle tal emoción? ¿Quién podía ser él para provocar eso en ella? Una y otra vez se hizo las mismas preguntas, pues esa situación le era totalmente extraña.
Ella recordaba sus maravillosos ojos oscuros. Esos preciosos ojos que le atraían cual si fuesen un imán. Esos ojos que no podía descifrar. Esos preciosos ojos azabache. Con el paso de los días, se encontraron de nuevo. Y él inició una plática que no tendría fin. Él le habló de lo que le fascinaba su aroma a lirios blancos y frescos, y de cómo no había nadie que captara su atención de ese modo. Ella le contó sobre las estrellas que había visitado en sus viajes anteriores. Ella comenzó a hablar sobre música, y él comenzó a hablar sobre danzar. Cuando él mencionó que su pasión era bailar, ella le entregó su corazón. En ese punto, ella supo que no habría retorno… En ese punto, los dos se adentraron en un mundo nuevo… Ella sonrió, y le robó el corazón. Así, ella y él se convirtieron en uno de la otra y viceversa. Ella le mostraría su mundo surrealista y él le mostraría cómo vivir con él en el mundo de los humanos. Ya no fueron más dos almas, ya eran un solo ser dividido en dos mitades. Eran solo ella y él…

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