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Mis más sublimes ideas no pueden evitar rendirse a tus encantadoras palabras, peligrosas armas de doble filo que me envuelven más y más a cada instante. No puedo evitar ese deseo de escucharlas una y otra vez, aún siendo consciente del daño que han de ocasionar…

Tus miradas me paralizan y hacen recorrer una descarga por todo mi cuerpo. Esas miradas peligrosas que encienden mis más ocultos sentimientos. Miradas que me hipnotizan y me atraen hacia tí.

Poco a poco te adueñas de mis pensamientos. Te adueñas de mis ideas. Te adueñas de mis sueños, mis días y mis noches, mis suspiros, mis pasos y tropiezos… te adueñas de todo mi ser. Te robas mis sonrisas, mis lágrimas, mi todo.  Y yo, con mi voluntad anulada, caigo en tus brazos sin ser capaz de resistirme.

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